Para qué cambiar lo que funciona!

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Hay cosas que por mucho que quiera me cuesta cambiar. Una de ellas es mi cocina. Cuarenta años con la misma cocina, seguro que ya le tocaría un cambio, pero que le vamos a hacer, aún no he tenido tiempo de planificar la cocina de mis sueños, y es que por otro lado, no he echado nada en falta. Así que ya veis soy de las que apura las cosas hasta que no pueden más. Una voz en mi interior me dice que aún me sirve, que está bien, entonces ¿para qué cambiar lo que funciona?...

Reconozco mis apegos, como veis, no predico mucho con el ejemplo de deshacerme de lo viejo. Las cosas que consideramos viejas si están cuidadas no son viejas. Hay que distinguir entre antiguo y viejo! La experiencia me ha demostrado que lo antiguo siempre tiene esa pátina interesante, un valor, lo viejo es otra cosa.

Mi cocina es antigua pero hoy, aún me gusta. No obstante, no creáis que no estoy al día de lo último. Mis electrodomésticos, si son de última generación, con lo útil no tengo apegos. Por lo demás, sé que mi cocina no está a la moda, pero no me importa, tengo tantos recuerdos en ella. Mis mejores platos navideños y de fiestas especiales se han guisado en ella. También he dado de comer a mis hijos sus primeras comidas de cuchara, y más tarde a mis nietos. Su mesa me ha servido, tanto para amasar pasteles, como para enseñar a sumar, o leer. Ha sido lugar de trabajo y de estudio de casi todos los miembros de la casa. Para mí, ha sido, y aún es, uno de mis rincones preferidos de la casa, es el lugar donde he gestado infinidad de sueños, ideas buenas y alguna que otra ocurrencia disparatada. Es uno de mis laboratorios de creatividad mental, donde dejo volar mi pensamiento, entre café y café, o charlando con mis amigas. Sin duda, mi cocina a pesar de los años, es funcional cien por cien, está limpia, está cuidada. A mí, me vale!

Con esta entrada quiero decirte que no siempre hace falta tener una casa a la última para tener orden y limpieza. Las casas reales, muchas, la mayoría, no son como nos las muestran en las revistas así que no tienes que sentirte frustrada por ello. Aun qué un buen mantenimiento es indispensable para que te resulte cómoda y adaptada a tus necesidades. Mi cocina con cuarenta años a cuestas, luce unas baldosas de los ochenta y un color teja que tira para atrás, pero brilla que da gozo verla. Tengo los elementos justos, porque eso sí, ya me encargue hace tiempo de quitarme todo lo que mi experiencia me decía que era inútil mantener. Un par de veces al año, la limpio por todas sus dimensiones, dentro, fuera, arriba y abajo. Está antigua casi a la moda vintage, pero no está vieja.

En cuestión de distribución no hay diferencias con las cocinas actuales, intento tener las cosas lo más a mano posible, eso sí guardadas de salpicaduras de aceite, de humos y grasas. No me gusta llenar las encimeras de cosas que se ensucien tontamente. Veo muchas barbaridades en las revistas de decoración, incluso entre propuestas de gurús del orden. En las encimeras, o paredes, de delante del fogón, mi consejo es no tener nada de utensilios. Los armarios y cajones, más a mano, son el sitio adecuado para guardar, especieros, y cacharros varios, como ralladores, o tijeras, trapos, etc.

Las cosas más pesadas, las guardo en estantes bajos, como sartenes, ollas, cacerolas. Aquí, lo que sí echo de menos, son esos grandes cajones que se utilizan ahora. Donde en las modernas cocinas se guardan vajillas y enseres pesados de cocina, así que como no dispongo de ellos, mi vajilla de diario está en un platero, igual que los vasos.

He habilitado una zona de desayunos donde la cafetera es la protagonista, junto con azúcar moreno, té, café, y las bandejas de servir dispuestas en vertical. Mi armario despensa es de unas dimensiones generosas, allí guardo todos los botes de conservas, pastas, latas, leche, zumos, los cuales repaso a menudo, poniendo delante los de más reciente caducidad. Los básicos de cocina: azúcar blanco, harina, pan rallado, arroz, pasta, etc. todos en botes de cristal transparente, de diferentes medidas, colocados de más uso, a menor.

Tengo un armario verdulero, lejos de las zonas cálidas de mi cocina, donde guardo la fruta que no va  a la nevera, y las hortalizas, o tubérculos. Hay que repasar casi a diario, para que nada se eche a perder. Otra zona, que seguro todos tenemos, es donde guardamos galletas, cereales, chocolates, y snaks varios, mi zona está en el armario despensa, y lo dispongo en alto, así las tentaciones son más difíciles de contraer. Procuro no tener demasiados caprichos porqué en mi casa desaparecen como por arte de magia. ¿A ti también te pasa?

Ya solo me queda explicarte dos rincones de mi cocina, el armario multiusos donde guardo el kit de limpieza de cocina, que tengo separado del que uso para el resto de la casa. Y toda la disposición para el reciclado correcto de la basura. Hoy en todas las casas es necesario  disponer un espacio para los cuatro básicos del reciclaje, envases, cristal, cartón y basura orgánica. Así que ya ves, aun qué viejecita, mi cocina es optima para el uso de cada día. No es de revista pero es autentica, no es vieja, solo antigua.

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